Entre putas y payasos

Noviembre 27, 2006

La mejor forma de hacer lo que se espera de ti es hacerlo rápido, así que, sin más dilación me cago en la puta madre de todos los cabrones mediocres sin conciencia que llenan –y permiten que se llenen- las parrillas de televisión con mierda nauseabunda –por cierto, los excrementos son de primera, lo hacéis de lujo, ¡chapó!-.

Éste es el inicio de El Querellometro, un espacio todavía falto de personalidad propia que irá tomando forma con el tiempo y vuestra colaboración. De momento esto lo que hay –opiniones y reflexiones sin censura que animen a practicar el duro deporte de pensar-, al fin y al cabo, lo que se espera de un blog de crítica ácida y corrosiva es eso, ácido, sulfúrico a ser posible, ¿o quizá no?

Después de cumplir con el trámite –me tenía dubitativo inaugurar el chiringuito con o sin fuegos de artificio- he decidido traer a este lugar de crítica en paños menores, el caso Risto Mejide. ¿Qué quién es ese? Aunque te hagas el despistado y quieras venderte a ti mismo ingenuidad sobre el personaje, seguramente sabrás más sobre él que sobre el 95% de los ministros de este país. No te avergüences por ello, es normal que sea así, es un mejor “producto”, (se) vende más y mejor.

El creativo publicitario y miembro del jurado de Operación Triunfo ha conseguido en apenas 50 minutos de televisión –sumando sus crecientes intervenciones-, pasar de ser un elemento anónimo y secundario del reality, a ser El contenido. Ya no importa quien canta, ni como lo hace. No importa quien gana o quien pierde, sólo importa el comentario posterior de Risto -si alguien cree que esto es producto de la casualidad, es que todavía vive en un mundo de ensueño en el que las personas buenas y trabajadoras acaban triunfando en todo lo que se proponen-. Mi corta experiencia me ha demostrado que casi nada pasa porque sí (digo casi porque en el fondo soy un romántico). Si este tío está ahí es porque de él se espera que haga justamente lo que está haciendo, provocar picos de audiencia muy por encima de las posibilidades de un programa (OT), que siguiendo la tendencia natural de los realitys, estaba condenado a la muerte por hastío (del espectador).

“La Trinca” (Getmusic) vive de reinventarse a si misma (y bien que lo agradece Telecinco), de explotar hasta el infinito todo aquello que genere beneficios, eso sí, añadiendo pequeños matices que acaban haciendo creer al espectador que está ante un producto (“palabra de Risto…”) nuevo. OT nos sigue mostrando a unos chavales que concursan en un reality –su supuesta temática en el fondo da igual, no deja de ser un reality en el que se vende competencia, convivencia y morbo- y un jurado en el que sobresale un tipo aparentemente excéntrico, amigo de la crítica ácida (será bien recibido aquí), que juega un papel de creativo “subido” sin pelos en la lengua -por cierto, lo hace de forma muy acertada-. Nada nuevo, Risto se vende a si mismo y hace vender a la “Trinca”. Un pequeño cambio, grandes resultados. Todos contentos -reinventarse o morir- y a seguir haciendo caja.

Y hasta aquí el capítulo de hoy, habrán más.

“Llevo 31 años haciéndome publicidad y algo más de 8 haciéndola para otros” Risto Mejide (conferencia en Next ‘06)


Lo principal en la vida es saber quién somos y querella es…

Noviembre 22, 2006

Antes de nada, es de ley que definamos el término que da nombre a este ciberespacio, y que mejor que la RAE (Real Academia Española) para hacerlo:

Querella:

(Del lat. querella).
1. f. Expresión de un dolor físico o de un sentimiento doloroso.
2. f. Discordia, pendencia.
3. f. Der. Acto por el que el fiscal o un particular ejercen ante un juez o un tribunal la acción penal contra quienes se estiman responsables de un delito.
4. f. Der. Reclamación que los herederos forzosos hacen ante el juez, pidiendo la invalidación de un testamento por inoficioso.

Aunque esta sea la definición académica, el lenguaje, como las sociedades, está vivo y evoluciona. Se añaden términos y otros ya existentes cambian su significado o se identifican con nuevos significantes. Por si alguno de estos supuestos fuera el caso de la querella, queda abierta la posibilidad de que añadas tu propia definición sobre la palabra (con un toque original a ser posible). Para predicar con el ejemplo aquí dejo la mía:

 Querella: Entretenimiento favorito del estadounidense medio (también de los “personajes” y “contertulios” que abarrotan los platós de nuestra televisión)